Asako Fukuro

Shugenja del Clan del Fénix

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Bio:

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El árbol es su raíz
El otoño gris
¿Se llevará sus flores?
Jamás, siempre volverán

En el seno de una devota y conservadora familia se crío Asako Fukuro. Las tierras del Fénix esconden con magistral habilidad, en las montañas del norte, las tierras de dicha familia, rodeadas de un aire de misticismo y coronadas con la belleza de una naturaleza casi inalterada por los ascéticos miembros de la familia.

Asako Fukuro desde pequeño presento un tremendo interés en la lectura, siendo habitual encontrarle en alguna de las grandes bibliotecas, repasando una y otra vez los pergaminos que contienen la historia de Rokugán, de sus grandes familias, las enseñanzas del Shintao, etc. Todo aquello que pueda tildarse de conocimiento parecía quedar impregnado a fuego en la mente del joven. Esta práctica pronto se transformo en un constante peregrinaje en las cercanías de su pueblo, visitando a cada persona o lugar que pudiese dejarle alguna enseñanza nueva. Pronto se hizo reconocido por ser un gran conocedor de las más diversas materias, todo a una muy corta edad. Sus padres, Asako Taoshi y Asako Mitzuki, estaban sumamente orgullosos, los dotes de su hijo eran evidentes y quien sabe, quizás algún día podría ser un emisario para el clan del Fénix, la cara de éste en las cortes. Sin embargo, las fortunas guardaban un destino diferente, uno que solo su abuelo, Asako Magoshi pudo comprender.

Aún era un jovencito cuando una delegación del Fénix se presento en el hogar de Asako Taoshi. Un shugenja llamado Isawa Okuno dio a conocer que, por orden del Daimyo de la familia, Asako Tsunefusa, a petición de la familia Isawa, Asako Fukuro debía ingresar y comenzar sus estudios dentro del templo para convertirse en un shugenja, un hombre santo. ¿Por que esta decisión? Parecía una pregunta sin respuesta clara, sus padres se encontraban de pronto con la obligación de dejar ir a su talentoso primer hijo, destruyendo sus esperanzas de ver a su Asako Fukuro desenvolverse en la corte. Sin embargo, Asako Magoshi, abuelo de Asako Fukuro, parecia mantener una serenidad total.

Aunque el entrenamiento de Asako Fukuro comenzó tarde, éste rápidamente desarrollo sus habilidades. Las voces de los kamis parecían hablarle muy claramente al joven aprendiz. Parecía que pronto sus condiciones favorecidas lo llevarían a buen puerto, pero algo estaba mal. Entre más avanzaba en sus estudios, más perturbado se sentía, una fuerza extraña e irreconocible lo embargaba, ya tan cerca de su gempukku, lo obligaba a investigar más sobre el tema. Dolores, náuseas, desvanecimientos, todos síntomas de algo peor. Fue la noche de aquél gran día en que llego a la adultez, que se manifestaron sus primeras pesadillas. Cada noche desde aquel día su mente, su espíritu, no encontraba reposo, ir a dormir se volvió sinónimo de terribles visiones y fatalistas predicciones.

Un otoño paso cuando volvió a visitar a su familia. Sus pesadillas no pasaban desapercibidas, al menos a sus cercanos, y ante tal situación, Asako Magoshi trajo luz al respecto. Le contó con suma seriedad sobre su tatarabuelo, Asako Ibukan, un gran shugenja, de los pocos, que ha visto la familia Asako. Su talento era sin precedentes en su tiempo, despertando la envidia de muchos Isawa, con su disciplina monástica alcanzo gran maestría en sus habilidades, sin embargo, la búsqueda de la perfección le significó un sacrificio que tendría repercusiones, como se evidenciaba en Asako Fukuro, en todo su linaje. El entendimiento del vacío no es tarea para cualquier mortal, y en esta labor, propia a todo shugenja, Asako Ibukan se equivocó y accedió al corazón del vacío, entendiéndolo de tal forma que su propia mortalidad resultaba ser un impedimento, sufriendo ataques y dolores. Dicha carga, se traspasó hasta Asako Fukuro y así pronto conoció las ventajas y desventajas de su condición, de paradójicamente conocer más sobre el todo y la nada.

El descanso eludía a Asako Fukuro, la mente y el espíritu no parecían reposar, el ruido constante de las ideas y las motivaciones, el conocimiento acumulado, todo parecía confabular contra el shugenja. Mas fue la poesía, una de las más nobles artes, la que trajo paz, aunque sea momentánea, al hombre santo. Como forma de protegerse, entrenó su mente para divagar, para alejarse de todo lo que lo rodea, recluirse en si mismo y las cosas pequeñas sin adentrarse en lo profundo del propio ser. La vida continuó.

Hoy un orgulloso samurai, un prestigioso shugenja de la escuela Isawa, Asako Fukuro entiende las necesidades del Imperio y sus habitantes, entiende el papel de cada Clan en el orden Celestial y, sobre todo, entiende quién es y cual es su lugar en el intrincado paisaje que Rokugán ha pintado. Asako Fukuro sabe que vivirá como la mano de su clan, como uno más, y esta bien, si es lo que se necesita. Todo sea bueno por mantener el Imperio.

La tinta cuida
Y guarda toda lección
Mas te engaña
Nada puedes aprender
Si la Nada ignoras

Asako Fukuro

秘密の谷 --Himitsu no tani Acratar Ngagn